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En 1926 comenzó a desempeñarse en Boca Juniors un joven goleador que quedaría en la historia del club. Roberto Cherro, sumando los goles que hizo en el amateurismo y en la era profesional, logró 218 tantos. De esta manera es el máximo artillero en los 100 años de vida de la institución xeneize. |
| La vieja tribuna todavía lo recuerda corriendo tras el balón y realizando una gambeta en una milésima de segundo para eludir a su marca y quedar frente al arquero que ya nada podría hacer. Lo que seguía era el estruendoso grito de gol que bajaba desde los tablones. una música que Roberto Cherro se cansó de oír a lo largo de doce años vistiendo la azul y oro.
Esta leyenda del fútbol argentino nació el 23 de febrero de 1907 en Barracas. Por aquel entonces su apellido se escribía Cerro, sin hache; con el tiempo, la pronunciación italiana le agregó una letra más. Se inició en el fútbol en Sportivo Barracas y a los 17 años debutó frente a Porteño. Luego de pasar velozmente por Ferro y por Barracas Juniors, desembarcó en el club de la ribera dispuesto a dar el gran salto hacia adelante. Allí, con la auriazul, se encargó de escribir grandes páginas para la historia del fútbol de nuestro país.
A partir de 1926 vistió los colores de Boca, en donde permaneció hasta el final de su carrera. En un principio, su máxima virtud era la sucesión de gambetas para dejar atrás adversarios como si fueran postes (se ganó el sobrenombre de "El Apilador"). Con el tiempo, sin embargo, su juego fue mutando y comenzó a tocar más el balón para lograr un trabajo en equipo más efectivo. Además, sus constantes goles de cabeza hicieron que la tribuna le regalara un apodo que trascendería en el tiempo: "Cabecita de Oro".
Por aquellos años la Selección Nacional también contó con su habilidad y sus goles: en 1928 viajó hasta Ámsterdam para participar de los Juegos Olímpicos y, dos años más tarde, defendió los colores nacionales en el primer Campeonato Mundial, disputado en Uruguay. Si bien una serie de lesiones produjo que muchas veces quedara fuera del equipo, vistió la casaca albiceleste en veinte encuentros internacionales donde marcó doce tantos. Quizás su cotejo más célebre lo disputó frente a Uruguay en 1933: faltaban sólo quince minutos para que el match llegara a su fin y el conjunto nacional no podía doblegar la valla charrúa. Cuando muchos auguraban una nueva desilusión frente a los orientales, Cherro se adueñó del balón y en poco minutos marcó cuatro tantos que pusieron un marcador final de 4 a 1 en favor de la Argentina.
De manera paralela seguía brillando en Boca. Cuando Pancho Varallo se calzó la azul y oro, ambos armaron una dupla que se transformó en la peor pesadilla de las defensas contrarias. Atlio Milanta, en su libro "La mitad más uno", narra que Varallo estaba infinitamente agradecido tanto con Cherro como con Benítez Cáceres, ya que eran ellos quienes armaban las jugadas para que Panchito la mandara al fondo de la red.
Con aquel equipo de estrellas Boca obtuvo en 1931 el primer campeonato de la era profesional, lauro que repitió en 1934 y 1935. Luego de este último logro, Cherro continuó jugando algunos años más en el primer equipo de Boca Juniors, pero en 1938 colgó los botines y selló para siempre una historia caracterizada por repetidos gritos de gol, increíbles jugadas y gambetas interminables. Hoy, tantos años más tarde, sigue siendo el hombre que convirtió más goles en estos 100 años de la institución boquense: entre la era amateur y la profesional anotó en 212 oportunidades. Un crack.
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Fuente: www.museoboquense.com |